La historia de la joyería artesanal en Córdoba tiene raíces profundas que se remontan a siglos atrás. Sin embargo, en tiempos recientes, pocos nombres han resonado con tanta fuerza como Antonio Algar, una empresa fundada en 1975 por Antonio Algar Fernández. Desde sus comienzos como aprendiz en un taller local, Algar se destacó por su dedicación y maestría en el arte de la joyería, lo que lo llevó a abrir su propio negocio, con el objetivo de combinar la artesanía tradicional con la innovación tecnológica.
Durante las primeras décadas, la empresa se consolidó como un referente en el mercado nacional, participando en ferias de renombre como Iberjoya y Joyacor. Gracias a su seriedad, compromiso con la calidad y diseño exclusivo, Antonio Algar fue ganando reconocimiento entre mayoristas y distribuidores de toda España. Pero el verdadero salto llegó en los años 90, cuando la empresa decidió expandir sus horizontes al mercado internacional.
La participación en misiones comerciales en países como Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, México y Francia permitió a la marca Antonio Algar posicionarse como un fabricante de joyería respetado fuera de las fronteras españolas. Hoy en día, las joyas de Antonio Algar son apreciadas no solo por su diseño, sino también por la cuidadosa atención a los detalles y la capacidad de combinar lo tradicional con las tendencias contemporáneas.
La incorporación de una segunda generación a la empresa, liderada por Antonio Algar Díaz en el año 2000, supuso una renovación que mantuvo intacto el legado de calidad y tradición, pero que impulsó a la marca hacia nuevas formas de producción y comercialización, adaptándose a los tiempos modernos sin perder su esencia artesanal.